¿Qué es el consumo colaborativo?

consumo colaborativo

Resulta muy curioso como influye la tecnología en nuestras vidas. En ocasiones, lo más avanzado nos hace recuperar antiguas formas de ver la vida, lo que se presupone como herramientas que fomentan el individualismo y el aislamiento explotan el sentimiento de comunidad. No hay más que ver la explosión del consumo colaborativo.

Así dicho en frío es posible que no os diga nada esta expresión, que os suene a un concepto un tanto hippy. Pero tras aproximarnos a la idea que subyace en él, veremos que hay multitud de ejemplos de consumo colaborativos que nos rodean, de como se trata de una tendencia al alza, impulsada por importantes cambios sociales.

¿Qué es el consumo colaborativo?

Aunque el concepto fue acuñado por Marcus Felson y Joe L. Spaeth en 1978, su popularización actual arranca con un artículo de Ray Algar en 2007, titulado precisamente Consumo Colaborativo, y desarrollado a posteriori por Botsman y Rogers en su libro Lo que es mío es tuyo: el auge del consumo colaborativo.

El consumo colaborativo vendría a ser un modelo económico basado en el intercambio, en el alquiler, en el uso compartido, en el préstamo, en la recomercialización o en la donación.

¿Es algo nuevo y antisistema?

Sus defensores argumentan que frente al modelo actual, basado en el crédito, la publicidad y la propiedad individual, estas nuevas tendencias lo hacen en la reputación, la comunidad y el acceso compartido a los bienes, lo que favorecería su sostenibilidad.

En el fondo, y tal como veremos en los ejemplos que expondremos a continuación, el consumo colaborativo está muy cercano a la evolución vivida en prácticamente la mayoría de las empresas, que han pasado de fabricantes de productos a prestadoras de servicios.

El que compra un coche lo que está haciendo es realmente adquirir una solución para un problema de movilidad, y para ello compra el coche, pero también la garantía, la asistencia en carretera, los servicios de financiación de la marca, etc. Se trata de una derivada fruto de un enfoque marketiniano de la gestión empresarial, de apostar por mirar más hacia las necesidades del cliente y menos hacia el ombligo de las empresas.

Posiblemente, el consumo colaborativo bebe además de otras fuentes, de movimientos sociales que apuestan por la creación de comunidades, por la recuperación de determinados valores, pero en cierto modo otros ven eso como una oportunidad empresarial pura y dura, como una oportunidad de hacer negocio. Y un buen negocio. ¿A alguien le suenan las redes sociales?

Sistemas de consumo colaborativo

Botsman y Roger agrupan los sistemas de consumo colaborativo en tres grandes grupos: sistemas basados en el producto, en mercados de redistribución o en estilos de vida colaborativos.

Los sistemas basados en producto son aquellos en los que usamos un producto sin ser propietarios del mismo, como por ejemplo el carsharing, o alquiler de coches por horas, o al menos no somos propietarios al 100%, como el carpooling, o copropiedad de vehiculos.

Esto también se está trasladando a la música (Spotify o iTunes), obras de arte, a alquiler de ropa, etc, apoyado por el potencial de internet para conseguir el máximo aprovechamiento de dichos bienes. Sin embargo, nuevo nuevo no es. Pensemos en el time sharing o tiempo compartido, o en la misma propiedad horizontal, en la que se comparten determinados elementos, superando el concepto de propiedad privada.

En los sistemas basados en mercados de redistribución lo que se hace es dar una segunda oportunidad al producto, buscar una segunda vida. Hablamos de los particulares que venden objetos usados en Ebay, o que los intercambian o donan en webs creadas al efecto.

Por último, los sistemas basados en estilos de vida colaborativos van más allá del producto, y buscan que la gente comparte experiencias, proyectos, recursos, etc. Podríamos hablar de los prestamos p2p, de las comunidades de viajeros con acogimiento internacional a sus miembros, del coworking, de experiencias como la wikipedia, el crowdfunding o los bancos de tiempo.

Conclusiones

El modelo del consumo colaborativo apuesta por un uso más intensivo de los bienes y recursos, por que accedan a los mismos un mayor número de personas, a un menor coste y ajustándolo a las necesidades de cada cual. Es un cambio sustancial, pero respecto al que hay referentes en el propio modelo actual.

Sin duda, su extensión puede ayudar a la configuración de un nuevo tipo de consumo más sostenible, que permita un usos más eficiente de los recursos limitados y que palie problemas medioambientales y sociales. Pero para ello, es fundamental una gestión muy ajustada de dichos sistemas, que permita satisfacer las expectativas de todos los que participen en el mismo.

Seguramente en los próximos años veremos experiencias interesantes en esta vía, más allá de los caminos trillados que hemos comentado.

Artículo de ActiBva:
http://www.actibva.com/magazine/consumo/que-es-el-consumo-colaborativo

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