3. Habilidades emocionales
Hay cada vez mayor consenso en que la inteligencia emocional es esencial para afrontar todas las situaciones de la vida, tanto en el trabajo como en lo personal. Así, en el mercado laboral cada vez se valoran más las habilidades que permiten comprender las emociones de compañeros de trabajo, clientes o jefes.
Para poder tener inteligencia emocional es necesario desarrollar una serie de habilidades. Así, algunos autores consideran que la inteligencia emocional se puede dividir en cinco grupos de habilidades emocionales.

A, EL AUTOCONOCIMIENTO DE LAS EMOCIONES
En un principio podríamos pensar que nuestras emociones y sentimientos son muy obvios y siempre somos conscientes de ellos. Pero si reflexionamos un poco más sobre ello, veremos que en muchas ocasiones no somos totalmente conscientes o nos hemos dado cuenta de ellos demasiado tarde. Darse cuenta de las propias emociones y sentimientos en el mismo momento en que éstos tienen lugar constituye la piedra angular de la inteligencia emocional, ya que sobre esta habilidad podremos desarrollar todas las demás.
Ser conscientes de nuestras emociones, es decir, el autoconocimiento, supone estar atento a dichas emociones para poder actuar de manera adecuada.
En definitiva, podemos decir que hay tres tipos de personas:
- Las personas conscientes de sus emociones. Estas personas se dan cuenta cuando se sienten tristes, alegres, con miedo o enfadadas. Son personas con claridad emocional y muy seguras de sus posibilidades y sus límites. Son personas psicológicamente sanas que tienden a tener una visión positiva de la vida. Personas que, cuando caen en un estado de ánimo negativo, no le dan vueltas obsesivamente y, en consecuencia, no tardan en salir de él. Su atención les ayuda a controlar sus emociones.
- Las personas atrapadas en sus emociones. Son personas que suelen sentirse desbordadas por sus emociones y que son incapaces de escapar de ellas, como si fueran esclavos de sus sentimientos. Son personas que se sienten sobrepasados y perdidos en las emociones y, en consecuencia, sienten que no pueden controlar su vida emocional y no tratan de escapar de los estados de ánimo negativos.
- Las personas que aceptan resignadamente sus emociones. Son personas que, si bien suelen percibir con claridad lo que están sintiendo, también tienden a aceptar pasivamente sus estados de ánimo y, por ello mismo, no suelen tratar de cambiarlos.
Es importante expresar los sentimientos, “cuando puedas poner palabras a lo que sientes te apropiarás de ello”. Los sentimientos tienen un papel clave dentro de las muchísimas decisiones que hay que tomar cada día. Es cierto que los sentimientos muy intensos pueden dificultar el razonamiento, pero la falta de conciencia de los sentimientos puede ser absolutamente desastrosa, especialmente en aquellos casos en los que tenemos tomar decisiones de las que depende nuestro futuro. Conocer nuestros sentimientos es clave para elegir pareja, escoger qué estudios realizar o decidir qué casa comprarnos.
Así es como el autoconomiento emocional conduce a la siguiente habilidad de la inteligencia emocional: la capacidad de deshacerse de los estados de ánimo negativos.
B, EL AUTOCONTROL DE LAS EMOCIONES
El autocontrol es la capacidad de controlar nuestras emociones de manera adecuada, incluso en situaciones estresantes o difíciles, lo que nos permite elegir cómo reaccionar ante ellas de manera apropiada.
El objetivo del autocontrol emocional no es eliminar las emociones, sino el equilibrio, ya que todo sentimiento tiene su valor y su significado. Un intento de eliminar por completo las emociones nos llevaría a una apatía total, pero un descontrol de las mismas nos podría hacer reaccionar de manera exagerada o inapropiada.
Con el autocontrol queremos evitar que las emociones negativas sean demasiado intensas o se prolonguen demasiado en el tiempo. No se trata, por tanto, de tener solo emociones positivas y ser feliz todo el tiempo, sino de ser consciente de cuando tenemos un sentimiento negativo y evitar que desplace por completo a los sentimientos positivos.
Si nos centramos en las tres emociones negativas (tristeza, miedo e ira), vemos como un descontrol prolongado de las mismas puede, en situaciones extremas, llevar a situaciones de depresión, ansiedad o una furia descontrolada.
A continuación, nos centraremos en aprender a controlar las emociones que llevan a sentimientos negativos muy comunes en todos nosotros:
El control del enfado y la ira

El enfado aparece cuando nos sentimos amenazados. No se trata solo de amenazas físicas sino a cualquier amenaza para nuestra autoestima o nuestro amor propio (por ejemplo, sentirse tratado injustamente, sentirse insultado, menospreciado, frustrado en la consecución de un objetivo, etc.). Cuantas más vueltas damos a los motivos que nos llevan al enfado, más “buenas razones” y más justificaciones encontramos para seguir enfadados. Estos pensamientos obsesivos sobre lo que nos ha hecho sentir amenazados son la leña que alimenta el fuego del enfado.
El enfado se construye sobre el enfado. Cuando nos encontramos molestos por algo, y de repente otra cosa provoca una nueva emoción de enfado, esta emoción tendrá una intensidad aún mayor. Esto es porque el sentimiento de enfado suele desaparecer de manera lenta, de manera que si aparece un nuevo hecho o un nuevo pensamiento que provoca enfado, este se sumará al anterior. Y si aparece un tercero, antes de que los otros dos sentimientos hayan desaparecido, se volverá a producir una nueva acumulación. Para entonces, el enfado se ha convertido en ira, lo que llevará fácilmente a un estallido de violencia.
¿Cómo podemos controlar el enfado? El enfado parece ser el uno de los sentimientos más difíciles de controlar porque internamente encontramos una justificación para descargar este enfado sobre otra persona. Y es que el enfado es la más seductora de las emociones negativas, ya que cuando “descargamos” nuestro enfado obtenemos cierta satisfacción. El enfado suele llenarnos de energía e incluso euforia. Sentimos ese “fuego” dentro de nosotros.
Para poder apagar el fuego podemos recurrir a varias técnicas:
- Técnica 1: prestar la máxima atención y darnos cuenta de los pensamientos que desencadenan la primera descarga del enfado.
- Técnica 2: el enfriamiento. Especialmente en el caso de una discusión, es útil que la persona enfadada se aleje durante un tiempo de la persona causante del enfado; dar una larga caminata, hacer ejercicio físico. También puede usar métodos de relajación como, por ejemplo, la respiración profunda.
- Técnica 3: distracciones (pasarlo bien).
El control de la preocupación y la ansiedad
¿Por qué aparece la preocupación? Con la preocupación las personas consideramos las distintas alternativas ante un posible problema. En este sentido, la función de la preocupación consiste en una anticipación de los peligros que pueda presentamos la vida y en la búsqueda de soluciones positivas ante ellos. En realidad, esta es una respuesta muy primitiva que ha sido esencial para la supervivencia del ser humano.
De la preocupación a la ansiedad. El problema surge cuando la preocupación gira de manera continua en torno a un mismo y angustioso pensamiento sin darnos nunca una solución positiva. Cuando sucede esto nos puede provocar nerviosismo, fobias, obsesiones y auténticos ataques de pánico.

¿Cómo podemos controlar la preocupación? Podemos seguir unos pasos:
- Paso 1. Ser conscientes de la preocupación en cuanto aparezca.
- Paso 2. Una vez detectado el inicio de la preocupación, podemos realizar alguna técnica de relajación. Sin embargo, la relajación no basta por sí sola.
- Paso 3. Adoptar una postura crítica ante las cuestiones que sobre las que apoyamos la preocupación.
- Paso 4. Tomar acción (¡hay que ser proactivo!).
El control de la tristeza y la depresión
La tristeza es el estado de ánimo que la gente más quiere eliminar. Sin embargo, no debería evitarse toda tristeza porque también tiene sus puntos positivos. La tristeza proporciona una especie de refugio reflexivo necesario para asimilar nuestra pérdida, un periodo en el que podemos llevar a cabo los ajustes psicológicos necesarios y establecer nuevos planes para que nuestra vida siga adelante.
De la tristeza a la depresión. Aunque la tristeza pueda ser útil, la depresión no lo es. Algunas muestras de la depresión son el odio hacia uno mismo, la falta de autoestima, el insomnio, la apatía, etc. A todo ello debemos añadir también la disminución de la capacidad de disfrutar. En el caso de una depresión extrema, la vida se paraliza y parece que no exista alternativa para salir de la situación y puede ser necesaria la medicación.
Aquí, sin embargo, no hablaremos de este lado extremo de la depresión, sino simplemente de una tristeza prolongada.

¿Cómo podemos controlar una tristeza prolongada? Aislarse no es buena idea porquecontribuye a aumentar esa sensación de soledad. Hay tres estrategias que pueden ser efectivas:
Estrategia 1. Realizar actividades sociales, es decir, salir a comer, ir a ver un acontecimiento deportivo o al cine; en resumen, compartir algún tipo de actividad con los amigos o con la familia.
Estrategia 2. Centrarse en la solución y no el problema.
Estrategia 3. Considerar alternativas positivas ante la situación que nos causa tristeza.
C, LA CAPACIDAD DE MOTIVARSE A UNO MISMO
Lo que parece diferenciar a quienes se encuentran en lo más alto (ya sea en la escuela, el deporte o en el trabajo), de otros que, teniendo una capacidad similar, no alcanzan esos niveles, se debe al trabajo continuado a lo largo de años. Y esta perseverancia, esta capacidad de automotivarse frente a todo tipo de contratiempos que aparezcan, depende fundamentalmente de factores emocionales.
Así pues, las emociones dificultan o favorecen nuestra capacidad de pensar, de planificar, de hacer los sacrificios necesarios para alcanzar un objetivo a largo plazo, de solucionar problemas, etc. Nuestras emociones son las que establecen nuestros límites mentales y determinan así los logros que podremos alcanzar en nuestra vida.
La capacidad de motivarse a sí mismo es la habilidad de generar y mantener la energía y determinación necesarias para alcanzar tus metas y objetivos. Implica ser capaz de encontrar la fuerza interna para superar obstáculos y dificultades y seguir avanzando hacia tus metas a pesar de los desafíos.

Es por ello que esta capacidad es como una llave maestra, una habilidad que influye profundamente sobre todas nuestras otras habilidades ya sea favoreciéndolas o dificultándolas. Algunos consejos para poder desarrollar esta habilidad son:
- Controla los impulsos. Para conseguir nuestras metas siempre habrá que hacer ciertos sacrificios. Hay que estudiar para poder aprobar el instituto, hay que entrenar para mejorar en un deporte, etc. Siempre vamos a tener tentaciones para no hacer estos sacrificios. Nos puede apetecer estar con el móvil, salir con los amigos o ver series. Todo ello nos da una satisfacción inmediata, pero nos aleja de nuestros objetivos a más largo plazo.
- Sé optimista (pensamiento positivo). Como ya vimos, ser optimista significa tener una fuerte expectativa de que, en general, las cosas irán bien a pesar de los obstáculos y de las frustraciones. Esta actitud es clave para mantenerse motivado. En la mayoría de facetas de la vida no se necesita un talento descomunal para poder triunfar. Es la combinación entre el talento razonable y la capacidad de perseverar ante el fracaso lo que conduce al éxito. Es decir, conseguir tus metas no depende tanto del talento sino de la capacidad de seguir adelante a pesar de los fracasos.
- Disfruta con lo que haces.
D, EMPATÍA EMOCIONAL
Aunque ya vimos que la empatía era una de las principales habilidades sociales, aquí nos centraremos en su faceta emocional.
La empatía emocional es la habilidad que permite detectar las emociones de las demás personas, especialmente a través de la comunicación no verbal.
Ser consciente de nuestras propias emociones son los cimientos sobre los que se construye la empatía, puesto que, cuanto más presentes tengamos nuestras propias emociones, mayor será́ nuestra habilidad para comprender los sentimientos de los demás.
En ocasiones las personas tienen dificultad para expresar sus propias emociones y éstas suelen expresarse a través de otros medios. La clave que nos permite entender las emociones de los demás radica en la capacidad para captar los mensajes no verbales (el tono de voz, los gestos, la expresión facial, etc.).
Esto es porque a diferencia de la mente racional, que se comunica a través de las palabras, las emociones lo hacen de un modo no verbal. De hecho, cuando las palabras de una persona no coinciden con el mensaje que nos transmite su tono de voz, sus gestos u otros canales de comunicación no verbal, las emociones no deben buscarse tanto en el contenido de las palabras como en la forma en que nos está transmitiendo el mensaje.
Una regla general utilizada en las investigaciones sobre la comunicación afirma que más del 90% de los mensajes emocionales es de naturaleza no verbal (la inflexión de la voz, la brusquedad de un gesto, etc.) y que este tipo de mensaje suele captarse de manera inconsciente, sin que la persona se dé cuenta de lo que se está comunicando.
En la mayoría de los casos, las habilidades que nos permiten detectar las emociones a través de gestos, se aprenden simplemente con el paso de los años.


E, HABILIDADES EMOCIONALES INTERPERSONALES
La última de las habilidades emocionales es la que está relacionada con las habilidades interpersonales.
Las habilidades emocionales interpersonales son las que nos permiten tratar con las emociones de los demás para así motivarles, inspirarles, persuadirles, influirles o tranquilizarles cuando tienen un problema.
Pero el primer paso para poder desarrollar estas habilidades interpersonales es desarrollar las anteriores habilidades emocionales. Si no somos capaces de conocer y controlar nuestras propias emociones (autoconocimiento y autocontrol), ni tampoco comprendemos las emociones de los demás (empatía), será imposible que podamos tratar con las emociones de los demás de manera efectiva.
- Análisis social. Esta habilidad consiste en ser capaces de detectar e intuir los sentimientos, los motivos y los intereses de las personas, un conocimiento que suele fomentar el establecimiento de relaciones con los demás y su profundización.
- Expresión de las emociones. Es positivo expresar nuestras emociones y sentimientos, pero también es cierto que necesitamos aprender a cómo y cuándo hacerlo. Es necesario que aprendamos las “reglas sociales” sobre lo que es correcto o no correcto decir, reglas que además pueden cambiar según la cultura o el contexto en el que los encontremos. La medida en la que aprendamos estas reglas será clave para el desarrollo de nuestras relaciones personales.
- Conexiones personales. Las personas que conectan con los demás, reconocen y respetan los sentimientos e intereses de otros. Estas personas saben trabajar en equipo y suelen ser buenos amigos o compañeros.
- Organización de grupos. La habilidad esencial de un líder consiste en movilizar y coordinar los esfuerzos de un grupo de personas. Las personas que tienen habilidades interpersonales son capaces de motivar a los miembros de su grupo, así como de persuadirles e influirles.
- Negociar soluciones. El talento del negociador consiste en impedir la aparición de conflictos o en solucionar aquellos que aparezcan. Las personas que tienen habilidades interpersonales tienen una gran capacidad de negociación.
El conjunto de todas estas habilidades constituye la materia prima de las relaciones interpersonales, el ingrediente fundamental del encanto, del éxito social e incluso del carisma. Las personas socialmente inteligentes pueden conectar fácilmente con los demás, son hábiles en leer sus reacciones y sus sentimientos y también pueden liderar, organizar y resolver los conflictos que aparecen. Ellos son los líderes naturales, las personas que saben expresar los sentimientos colectivos y guiar al grupo hacia sus objetivos. Son el tipo de personas con quienes a los demás les gusta estar porque son emocionalmente nutritivos (lo contrario de tóxicos). “Popular” y “encantador” son términos con los que solemos referirnos a las personas con quienes nos agrada estar porque sus habilidades emocionales nos hacen sentir bien.