5. La inflación

La inflación es el crecimiento generalizado y sostenido de los precios de los bienes y servicios de una economía. Generalizado quiere decir que no aumenta sólo el precio de un bien sino de un buen número de ellos y, sostenido, que no es un alza circunstancial sino que permanece en el tiempo.

Atendiendo a la intensidad de la inflación, se distinguen varios tipos:

  • Inflación moderada. Aumento leve de los precios, inferior al 2% o 3%.
  • Inflación galopante. Subida por encima del 10% anual.
  • Hiperinflación. Los precios suben más de un 100% en un año. Supone la pérdida del control de los precios y la quiebra del sistema monetario, ya que el dinero apenas tiene valor. En estos casos, la población deja de confiar en la moneda de su país y se refugia en el trueque o en la utilización de otra moneda extranjera más fuerte, para no ver reducido su poder adquisitivo tan rápidamente.

De forma complementaria, se deben conocer los conceptos de deflación y de estanflación:

  • La deflación es la caída permanente de los precios producida en un contexto de recesión y paro.
  • La estanflación es la situación económica que indica la simultaneidad del alza de precios, el aumento del desempleo y el estancamiento económico, entrando en una crisis o incluso recesión.

 

A. CAUSAS DE LA INFLACIÓN

Las teorías principales que explican las causas de la inflación son 2:

INFLACIÓN DE DEMANDA. Si los agentes económicos de un país demandan más de lo que las empresas pueden producir, aparece una situación de escasez o de exceso de demanda, que provoca un aumento de los precios. Este exceso de demanda es interpretado de dos formas diferentes:

–                      Los monetaristas (Friedman y otros) consideran que la inflación de demanda se debe a la excesiva creación de dinero por parte de las autoridades monetarias. Si el dinero crece más deprisa que los bienes producidos por la economía, las personas tienen más dinero para comprar los mismos bienes, por lo que pueden pagar precios mayores por ellos.

–                      Los keynesianos argumentan que sólo se produce inflación de demanda cuando la economía tiene plenamente utilizados sus factores y no se pueden producir más bienes. Cuando esto ocurre, los consumidores aceptan pagar precios más altos por los mismos bienes, justificando de esta forma la subida de precios.

INFLACIÓN DE COSTES. Hay cinco teorías que tratan de explicar la inflación a partir de la remuneración de los factores de producción:

–                      Por el encarecimiento de los recursos naturales. La subida de precios de recursos básicos como las materias primas o la energía, encarece todo el proceso productivo. En estos casos, lo normal es que los empresarios trasladen al precio de venta de sus productos las subidas experimentadas en sus costes de producción.

–                      Por la espiral salarios-precios. Esta teoría se basa en la idea de que los sindicatos tienen tal poder de presión que pueden conseguir mejoras salariales superiores a la productividad laboral real. Cuando ocurre esto, uno o varios colectivos de trabajadores, comienzan a percibir salarios superiores a los que les correspondería realmente en relación con lo que trabajan. En consecuencia, los restantes perceptores de rentas aumentan los precios por entender que ellos no deben ser menos en lo que se refiere a generar ingresos.

–                      Por la espiral salarios-salarios. Según lo expuesto en el párrafo anterior, los trabajadores de los demás sectores, preocupados especialmente por mantener su posición relativa con respecto al resto de los trabajadores y ramas industriales, también se sentirían perjudicados. Si en algunas empresas los incrementos en la productividad laboral consiguen mejoras salariales notables, los trabajadores de otras empresas o ramas de actividad tratarán de obtener las mismas mejoras mediante una mayor agresividad sindical.

–                      Por el poder de mercado. En ciertos mercados, hay grandes empresas con cierto poder monopolístico capaces de incrementar los precios de sus productos por encima de lo que determinaría un mercado en libre competencia.

–                      Por los tipos de interés. Las variaciones en el precio del dinero también afectan al coste de los procesos de producción. Con raras excepciones, en la mayoría de los préstamos el interés varía según un criterio o índice establecido previamente que se revisa cada cierto tiempo. Si en una de esas revisiones el índice sube, aumentarán los intereses. En caso de inflación, aquellas empresas que hayan pedido prestado dinero para adquirir bienes de capital, verán incrementados los intereses que tienen que pagar y, por tanto, sus costes, de tal forma que, en muchos casos, se verán obligadas a subir los precios para mantener los márgenes que les permiten obtener beneficios y seguir en el mercado.

 

B. CONSECUENCIAS DE LA INFLACIÓN

Las principales consecuencias de una inflación elevada son la pérdida de poder adquisitivo y la incertidumbre que genera.

  •  Pérdida de poder adquisitivo. El poder adquisitivo es lo que se puede comprar con una cierta cantidad de dinero. Si los precios crecen  más rápido que nuestros ingresos entonces perdemos capacidad adquisitiva y calidad de vida. No obstante, la inflación no afecta por igual a todos los individuos.

a)     Grupos perjudicados

–          Pensionistas. La actualización de las pensiones que efectúa y paga el sector público suele estar por debajo del aumento del coste real de la vida.

–          Trabajadores. Aquellos cuyo sueldo no suba al mismo ritmo que la inflación tendrán que trabajar más horas para consumir lo que antes de la subida. Además, si la inflación se traslada a los costes de las empresas sin que éstas puedan recuperar los incrementos subiendo el precio de los productos, es muy probable que tengan que despedir personal y aumente el paro.

–          Ahorradores. Los prestamistas o personas que prestaron dinero en su día verán disminuida su recompensa por haber renunciado a consumir en el momento que prestaron el dinero. Cuando le sea devuelto el principal del préstamo más los intereses, la cantidad de bienes que pueda consumir será menor.

–          Empresas exportadoras de productos nacionales. El incremento en los precios de los productos nacionales resta competitividad a las empresas exportadoras en relación con los productos extranjeros y es muy probable que vean reducidas sus ventas en los mercados internacionales.

b)    Grupos beneficiados

–          Deudores. El valor de una deuda se cuantifica en determinadas cantidades fijas. Si disminuye el valor del dinero también disminuirá el valor de la deuda y resultará más sencillo reunir la cantidad acordada.

–          Estado. La Administración pública siempre paga a crédito. Esto es, se compromete a realizar el pago en un determinado plazo de tiempo. En tanto no salde la deuda, el dinero que debe pierde valor debido a la inflación.

–          Empresas importadoras de productos extranjeros. El incremento de los precios en un país por encima de la subida de los precios en otro (inflación diferencial) favorece la importación de bienes extranjeros con las mismas funciones y características pero más baratos que los productos nacionales.

  • La incertidumbre. Si los precios cambian continuamente, dejan de transmitir la información que los consumidores y empresas necesitan para decidir qué y cuánto consumir o producir respectivamente.

Ante la imposibilidad de predecir qué productos o factores de producción se verán afectados por la inflación y en qué medida, aumentará el número de situaciones en las cuales los resultados no se corresponderán con las expectativas y, por tanto, la inseguridad será el clima predominante. Cuanto mayor sea la tasa de inflación mayor será la sensación de inseguridad.

 

C. MEDICIÓN DE LA INFLACIÓN

Entre otros indicadores de precios, el más empleado para medir el nivel general de precios de un país es el IPC, el Índice de Precios al Consumo. Este indicador es una medida ponderada de los precios de los bienes que suele consumir por regla general una familia media (la ponderación es la proporción de gasto destinado a un artículo concreto). En España el IPC lo calcula el Instituto Nacional de Estadística (INE).

Los parámetros que sirven para obtener el IPC se revisan cada cierto número de años y se hace estudiando minuciosamente los hábitos de consumo de los españoles mediante una Encuesta de Presupuestos Familiares (EPF).

Con los datos obtenidos mediante la EPF, el INE confecciona la llamada “cesta de la compra”, una selección de productos representativos de cada grupo básico de consumo. Sus precios se ponderan de acuerdo con el porcentaje de renta que le asignan los consumidores en la EPF.

Se considera que un producto seleccionado es “representativo” de su grupo si su precio varía en la misma proporción en  que lo haga la media de todos los de su grupo. Por ejemplo, en la actual cesta de la compra se consideran representativos del grupo 1, Alimentos y bebidas no alcohólicas: la patata, la carne de ovino y el pescado. Los precios de los productos de la cesta se controlan mensualmente.

A partir del IPC es posible calcular la inflación, la cual se expresa mediante un porcentaje o tasa. Para ello utilizamos la siguiente fórmula:

En el siguiente gráfico puedes ver la evolución que ha seguido el IPC recientemente. También aparece la inflación subyacente. En su cálculo no se tienen en cuenta los bienes y servicios cuyos precios son más volátiles. Estos son los bienes y servicios administrados (gasolina, electricidad y gas para uso doméstico), los concertados (transporte local y foráneo, telefonía, cuotas y licencias y otros), y de los agropecuarios (36 frutas y verduras y otros 20 productos).

El IPC español, calculado conforme al presupuesto y preferencias de las familias españolas, difiere sensiblemente de los IPC de los otros países europeos, de tal forma que es preciso homogeneizar los criterios antes de poder efectuar comparaciones. A tal efecto, se contabilizan las partidas relevantes de cada EPF entendiendo por tal, aquellas que superan el uno por mil del total de gasto de la cesta de la compra nacional. En cada Estado miembro ha sido necesario realizar particulares ajustes para conseguir la comparabilidad deseada mediante determinadas inclusiones o exclusiones de partidas de consumo. Al IPC así calculado se le denomina IPC armonizado (IPCA).

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