2. Los Presupuestos Generales del Estado

Mediante el presupuesto la política fiscal expresa los planes de gastos e ingresos. En el caso de España los instrumentos de la política fiscal se materializan en los Presupuestos Generales del Estado (PGE)[1], relación detallada de los gastos y las previsiones de ingresos que realizará la Hacienda Pública durante el año correspondiente. Este presupuesto ha de estar en consonancia con el plan económico del Estado, en el cual se detallan los objetivos económicos y las previsiones sobre la evolución del conjunto de la economía.

En los siguientes apartados vamos a analizar los tipos de ingresos y gastos generales que aparecen recogidos en un presupuesto estatal, así como las consecuencias económicas que se derivan para un país si éste gasta más de lo que ingresa.

Una relación esquemática de las partidas del presupuesto es la siguiente:

Ojo: Hay otros criterios para clasificar los PGE, pero seguramente éste sea el más asequible: los ingresos en función de su origen y los gastos según su aplicación o destino.

A. LOS INGRESOS PÚBLICOS DE LOS PGE

El sector público precisa unos recursos, denominados ingresos públicos, para llevar a cabo sus distintas funciones. En concreto, el Estado tiene las siguientes vías para obtenerlos:

Cotizaciones sociales. Son las cantidades  que los trabajadores y las empresas pagan a la Seguridad Social para que, en situaciones de necesidad, ellos y sus familias tengan derecho a cobertura: enfermedad, invalidez, jubilación,…

Tributos. Dentro de los PGE son los ingresos públicos más importantes, pues suponen la mitad de lo recaudado. En función de que el contribuyente reciba o no algo a cambio, podemos clasificarlos en:

–           Los impuestos. Son pagos exigidos por las administraciones públicas sin que el contribuyente reciba algo a cambio, es decir, no proporciona un beneficio directo a quien los paga. Los impuestos pueden ser directos o indirectos.

Los impuestos directos gravan la renta o la riqueza de personas y empresas en función de sus circunstancias económicas o familiares. Permiten que quienes ganan o tienen más dinero paguen más que quienes tienen menos ingresos o riqueza.

Los impuestos indirectos, a diferencia de los anteriores, gravan el consumo, independientemente de la identidad y de las circunstancias de la persona que lo realiza.

Atendiendo a esta distinción los principales impuestos del Estado español son:

Todo tipo de información sobre impuestos, incluso algunos de  los formularios, se puede encontrar en www.aeat.es

 –           Tasas. Son pagos a cambio de la utilización de un servicio público o una actividad que proporcionan un beneficio directo al usuario (la matrícula de una universidad pública, para obtener el carné de conducir, por la emisión del título de bachillerato, por compulsar un documento, etc.).

 –           Contribuciones especiales. Son tributos que pagan quienes se benefician de una obra o servicio público como, por ejemplo, la pavimentación de una calle o la construcción de una acera, que beneficia especialmente a los vecinos que la habitan.

Otros ingresos. Los más importantes son:

–           Transferencias corrientes. Recursos procedentes de otras entidades, como los generados por las Loterías y juegos del Estado.

–           Ingresos patrimoniales. Rentas que proporcionan los bienes del Estado, como los beneficios de empresas públicas como Altadis o RENFE.

–           Enajenación de inversiones. Derivan de la venta de bienes propiedad del Estado, como, por ejemplo, las empresas públicas. En los últimos años hemos asistido a la privatización de importantes empresas como Telefónica, Repsol o Iberia, entre otras.

–           Transferencias de capital. Proceden de fondos estructurales de la Unión Europea y su destino es financiar proyectos de inversión.

 

B. LOS GASTOS PÚBLICOS DE LOS PGE

El gasto público es el conjunto de gastos realizados por la Administración pública. En lo que se refiere al Estado, y atendiendo a su destino, podemos clasificar los gastos públicos en:

Gastos corrientes. Son los gastos generales destinados a proporcionar a la sociedad servicios tales como la sanidad, la educación, la justicia, la defensa nacional, y muchos otros. A su vez, puede dividirse en dos grandes categorías:

–           Salario de los funcionarios.

–           Compras de bienes y servicios a empresas privadas.

Gastos de inversión. Son los destinados a mantener y ampliar la capacidad productiva del país. Casi todo el gasto se concentra en infraestructuras: carreteras, hospitales, centros educativos, aeropuertos, puertos, etc.

Transferencias y subvenciones. El Estado obtiene recursos en forma de impuestos, cotizaciones sociales,… y luego los transfiere a personas o empresas más necesitadas. Cuando los destinatarios de ayudas son las personas, las denominamos transferencias (pensiones de jubilación o invalidez, becas de estudio, subsidios de desempleo,…), mientras que si los perceptores son las empresas las llamamos subvenciones (por creación de empresa, por inversión en bienes de capital, por creación de puestos de trabajo,…).

Al analizar los PGE[1] debemos distinguir entre gasto real (gasto corriente más gasto de inversión) llevado a cabo por el Estado y las transferencias y las subvenciones necesarias para una mejor distribución de la renta.

En el primer grupo, a cambio del gasto que realiza el Estado, los ciudadanos disfrutamos de ciertos servicios. Aunque paga por ellos, no es el Estado quién recibe la prestación. En cambio, en el segundo caso, el Estado se limita a redistribuir la renta: actúa como intermediario poniendo en un lado lo que quita de otro.

C. EL SALDO PRESUPUESTARIO

Los efectos de la política fiscal sobre la economía son totalmente diferentes en función de que el presupuesto esté equilibrado (ingresos = gastos), en déficit (ingresos < gastos) o en superávit (ingresos > gastos). El déficit público surge al gastar más de lo que se ingresa, de tal forma que aumenta la cantidad de dinero en circulación, con el objetivo de aumentar los niveles de producción y empleo. En los últimos tiempos, la mayor intervención del Estado y su propio papel de consumidor hacen que los presupuestos de muchos gobiernos sean deficitarios. En este sentido existen dos corrientes de pensamiento económico que enfrentan a los economistas:

Las políticas basadas en el modelo económico keynesiano defienden que el Estado tiene que endeudarse para lograr el pleno empleo y la estabilidad. Defienden que el presupuesto debe buscar el equilibrio a lo largo del ciclo económico. Durante la fase recesiva del ciclo, el Estado se endeudará para impulsar la actividad económica. Luego, durante la expansión, obtendrá superávit y pagará las deudas pendientes para cuando vuelvan las vacas flacas.

Las políticas neoliberales critican el endeudamiento del Estado. Su principal reparo es la inflación que genera el déficit público al aumentar la cantidad de dinero que circula por la economía. Opinan que la política fiscal es innecesaria, pues piensan que el mercado se regula solo y que el gasto público debe limitarse a lo estrictamente necesario.

En la economía pueden darse dos tipos de déficit: el cíclico y el estructural.

Déficit cíclico. Se producen cuando surgen las inevitables fases de recesión del ciclo económico. Tiene un carácter transitorio, pues dura el tiempo que el Estado tarda en reactivar la economía y recuperar la confianza de los agentes económicos, a base de endeudarse para estimular la demanda agregada.

Por ello este déficit suele desaparecer en las fases de crecimiento, cuando en Estado incrementa sus ingresos (mediante impuestos o prestaciones sociales) y reduce sus gastos (pagando menos subsidios y reduciendo sus programas de obras públicas), aprovechando el auge de la producción y el empleo. Se podría decir que es un déficit de aparición natural en cualquier economía.

Déficit estructural. Es un déficit permanente que se mantiene incluso en situaciones cercanas al pleno empleo. Es un lastre para el desarrollo económico debido a los costes de la deuda que, constantemente debe asumir el Estado.

Cuando los ingresos no son suficientes para cubrir los gastos, el Estado puede llevar a cabo recortes presupuestarios para no caer en déficit o bien:

  • Emitir deuda pública. Al igual que pedimos un préstamo a un banco, el Estado solicita dinero a empresas y particulares a cambio de unos títulos-valor que otorgan a sus poseedores el derecho a la devolución del dinero más un interés fijo pactado. El organismo con competencias en materia de financiación pública es el Tesoro Público[1].
  • Subir los impuestos. Además de ser impopular, aumentar los impuestos ya existentes o establecer otros nuevos frena la demanda de bienes y servicios, de tal forma que la aplicación de esta medida suele realizarse en fases expansivas del ciclo económico porque generan menos impacto social.
  • Aumentar el dinero en circulación. Esta medida puede provocar un aumento de los precios (inflación), razón por la que los Estados son muy precavidos al aplicarla. En los países de la zona euro, por razones de estabilidad, esta decisión sólo puede ser ejecutada por el Banco Central Europeo.

 


[1] Puedes consultar información en su Web www.tesoro.es


[1] Puedes consultar los PGE de 2009 en la siguiente dirección de Internet:  www.igae.meh.es/SGPG/Cln_Principal/Presupuestos/Presupuestos2009/pge2009.htm


[1] Fases del proceso presupuestario: 1º Elaboración (Gobierno), 2º Aprobación (Cortes: Congreso más Senado), 3º Ejecución (Gobierno) y 4º Control (Tribunal de Cuentas).

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