1. Justificación de la intervención del sector público en la economía

Como hemos visto en los ejemplos de la introducción, las economías en la vida real no se ajustan totalmente al mundo idealizado de la mano invisible que funciona armoniosamente, descrito por Adam Smith. Lo cierto es que, aunque el mercado es un mecanismo eficiente, ya que garantiza que lo que se produce es lo que quieren los consumidores, y además se hace al menor coste posible, presenta una serie fallos, que son:

  • Las externalidades
  • Los bienes públicos
  • La competencia imperfecta
  • La inestabilidad creada por los ciclos económicos
  • La desigual distribución de la renta y la riqueza

 

A. LAS EXTERNALIDADES

Existe una externalidad cuando la producción o el consumo de un bien afecta directamente a consumidores o empresas que no participan ni en su compra ni en su venta, sin que estos efectos se reflejen en los precios de mercado. Podemos distinguir entre externalidades positivas y negativas.

Cuando una persona arroja basura a la calle o cuando una empresa contamina su entorno, son otras las personas que sufren las consecuencias. Los causantes de estas externalidades negativas no soportan las consecuencias ni pagan por ello.

Los ejemplos de externalidades negativas o de costes sociales son muy diversos. Así, la producción de cemento es altamente contaminante, afectando a la población y al entorno cercano de las fábricas que lo producen. La actividad de algunos bares y discotecas no afecta sólo a sus clientes, sino que también genera ruido, problemas de aparcamiento, etc., que causan molestias al vecindario. También existen externalidades en el consumo, por ejemplo, el consumo de tabaco genera importantes problemas de salud que conllevan un elevado coste para la sanidad pública.

Como estos efectos externos no repercuten en los costes de las empresas, tampoco se reflejan en los precios de mercado de esos bienes. Se dice entonces que el mercado falla, porque informa mal de lo que realmente ocurre, ya que los precios no recogen los costes reales, es decir, los costes privados que tiene la empresa más los costes sociales.

En otro extremo están las externalidades positivas. Un ejemplo claro es el de la investigación científica y los descubrimientos que una empresa pueda conseguir (motores de automoción menos contaminantes, reciclaje eficiente de recursos, etc.), de los que se benefician otras empresas y la sociedad en general. Otros ejemplos son la investigación para prevenir enfermedades contagiosas o sobre el genoma humano, cuyos avances científicos suponen beneficios que repercuten en el conjunto de la sociedad.

Tampoco aquí los precios del mercado reflejan todos los efectos positivos que la empresa que los genera se merece.

 

B. LOS BIENES PÚBLICOS

Los bienes públicos son el ejemplo extremo de externalidad positiva. Se definen como aquellos bienes que son no rivales y no excluibles en su consumo. La no rivalidad implica que el coste de extender el servicio a una persona adicional es cero. Un ejemplo sería un faro de mar, pues que un barco se guíe en su travesía marítima gracias a la luz del faro, no impide que muchos otros barcos puedan aprovecharse del mismo servicio. Además, que un barco adicional se beneficie de los servicios ofrecidos por el faro, no aumenta los costes de provisión. Por otra parte, la no excluibilidad significa que es imposible impedir que una persona utilice ese bien. También sería el caso del faro ya que, una vez instalado alumbra a todos los barcos.

Aunque no abundan los ejemplos de bienes públicos puros, si hay una gran variedad de bienes que reúnen alguna de estas características, como pueden ser la educación o las campañas de vacunación.

El problema de este tipo de bienes es que a las empresas privadas no les resulta rentable producirlos, debido a la aparición de los consumidores parásitos[1], por eso se producen en cantidad insuficiente para lo que es deseable para el conjunto de la sociedad.

 

C. LA COMPETENCIA IMPERFECTA

Cuando en el mercado no existe competencia porque se mantienen posiciones de monopolio u oligopolio, los productores utilizan su poder para imponer unos precios y unas cantidades que no son los que satisfacen los deseos de los consumidores.

A veces, algunas empresas se ponen de acuerdo para restringir la producción con la finalidad de alterar los precios (ejemplo: cuando la OPEP disminuye la producción de petróleo); o se reparten el mercado en detrimento de otros competidores (es el caso de las compañías eléctricas, en la mayor parte de Andalucía sólo puedes contratar la luz con Sevillana); o abusan de una posición dominante para influir sobre los precios y conseguir mayores beneficios (también es el caso de las compañías eléctricas, sino comprueba lo que ha subido la factura de la luz en los últimos años).

Además, la ausencia de competencia puede favorecer que la rutina sea la norma que guíe los procesos de producción, retrasando la adopción de innovaciones y la incorporación de nuevas tecnologías.

Un excesivo poder de mercado puede propiciar también  abusos relacionados con una menor atención hacia los derechos del consumidor.

 

D. LOS CICLOS ECONÓMICOS

Uno de los fallos del mercado más importantes es el de la inestabilidad cíclica que consiste en fluctuaciones de la actividad económica en fases alternas de expansión y recesión. En la fase recesiva el principal problema es el aumento del paro, mientras que en la fase de expansión la economía se encuentra con tensiones inflacionistas. 

 

 

 

 

 

 

E. LA DESIGUAL DISTRIBUCIÓN DE LA RENTA Y LA RIQUEZA

Las economías de mercado suelen ser productivas y eficientes en la producción de la riqueza, pero no lo son tanto en cómo se reparte esa riqueza. Ésta es una de las quejas más frecuentes contra el mercado, en la que coinciden todos los economistas.

No todas las personas nacen con las mismas oportunidades ni con las mismas capacidades. El mecanismo de mercado se asienta, pues, en un reparto previo de la renta y la riqueza que es desigual, y esa desigualdad determina la capacidad de las personas para participar en el consumo. Es decir, los mercados funcionan como una subasta; se asignan los bienes a aquellos que pueden pagarlos. Si no hay ninguna intervención externa al mercado, este necesariamente reproduce la desigualdad. Aquellos que perciben una renta tan baja que apenas les permite sobrevivir, difícilmente pueden participar en el mercado si no es con ayuda del Estado.


[1] Consumidor parásito: algunas personas no están dispuestas a pagar por la utilización de bienes y servicios colectivos porque prefieren esperar a que otros consuman o compren el bien en cuestión para disfrutarlo gratis.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

  • Estadísticas del blog

    • 7,636,769 hits
A %d blogueros les gusta esto: